
La Seda Negra
“...Ese Maestro que aún eres en mi interior creyó encontrar el Paraíso, y no me dejó demostrarle, que esto, realmente era Nuestro Paraíso. Esta tonta le quiso demostrar a su Señor que había más vida después de un pasado tormentoso, pues creía, desde el dolor que ella misma había pasado, que éramos dos almas destinadas a encontrarnos; y de golpe, un día, por culpa que ni ella mismo presentía, se vio abocada a aquel Mundo que El le había descrito una vez, donde las mujeres no eran más que objetos hechos para el placer de cualquiera que pasara por allí.
Desde ese día vaga perdida, esperando que El vuelva, pero con la convicción que eso no será así, y sus lágrimas son hiel.
Esta kajira desearía poseer magia, y volver ahora atrás en el tiempo, pero no posee ese don. Ya no puede bailar para Su Señor, ni tener todo a punto para cuando regresase de la batalla. ¿De qué sirve Señor una esclava sin su Dueño?.
De nada, pues una parte de ella, su alma, sigue encadenada a El, pues El fue todo para ella.
Esperaba sentadita, todo a punto a que su Amo llegara y le hiciera una caricia, con ello ya se sentía la más feliz de las kajiras. Pensaba en El a todas horas, besaba y aún besa, el anillo que lleva en la mano, y que tanto le recuerda a El, y así es y aun cerrando los ojos su imagen no se desdibuja.
Y ahora vaga, vaga cual alma en pena, pensando que aún hay tiempo, que aún queda tiempo para ese maestro y su Esclava; y busca las lunas en el cielo que la guíen, pero no las encuentra, y el deseo pasa a a ser cruda noche, y los árboles la única cuna que la protege de los Señores del camino y de las alimañas del bosque. Se acurruca en el suelo e intenta dormir, se toca el cuello, no lleva el collar, no es una pesadilla lo que esta viviendo, es la cruda realidad.
Un escalofrío recorre su piel, se aovilla y se duerme pensando en El, y esperando despertar de ese terror en el que esta sumida..”
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.- Desvaríos de kajira,-dice el Mercader mientras el viejo guerrero lee las líneas casi borradas del pergamino-, el anillo por 5 cobres. Lo encontramos en los bosques cercanos a Ar, en un hato de viejas sedas negras..
El Casta Roja paga el precio, aprieta en su mano el anillo de ópalo, intenta dejar de escuchar en su interior las palabras de aquella que fue su Única, su Amor, y una lagrima recorre las cicatrices de su rostro, cayendo en la arena, fundiéndose en el Tassa.
Gor no es Justo. Gor es Gor.
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